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FASCISMO NUNCA MAS

Admin | Publicado vie 8 Mayo - 4:53 | 119 Vistos

HA MUERTO UN TORTURADOR DE LA DICTADURA FRANQUISTA


El expolicía de la Brigada Político Social del franquismo Antonio Fernández Pacheco, Billy el Niño, acusado de crímenes de lesa humanidad por torturas durante los últimos años de la dictadura, ha muerto este jueves de coronavirus en un hospital de Madrid, han asegurado a Efe fuentes policiales.

González Pacheco, de 73 años, ha fallecido sin llegar a ser investigado judicialmente por delitos de torturas y detención ilegal pese a las más de 15 querellas presentadas en los últimos años por sus víctimas, todas ellas archivadas por los jueces que se amparaban una y otra vez en la Ley de Amnistía y en la prescripción de los delitos para no tramitar ninguna investigación penal en su contra.

Pero la polémica con Pacheco no termina ahí. Porque el policía franquista no solo esquivó a jueces y fiscales, sino que con su muerte hace lo mismo con las cámaras que estaban tramitando la publicación del expediente de la concesión de medallas de Billy el Niño, como así acordaron el Congreso y el Senado el pasado febrero.

Y tras ello poder retirarle las condecoraciones como se comprometió hace pocos meses el Gobierno, un trámite que tenía previsto completar con la nueva ley de memoria histórica para cerrar así un capítulo que levanta ampollas entre sus víctimas y una parte de la clase política de este país.

Tanto es así que las reacciones a su muerte no se han hecho esperar y no hay lamento ni recuerdo entre muchos políticos españoles por su fallecimiento. Todo lo contrario. Hay impotencia, rabia e impunidad porque “el torturador” se marcha sin rendir cuentas por nada y con los honores que la democracia le concedió.

Y hay también recuerdo a sus víctimas, a las que piden perdón por no haber actuado a tiempo ante unos hechos ocurridos hace más de 40 años, que en la última década han sido devueltos a la actualidad.

Eso solo fue posible gracias a la acción de la querella contra los crímenes del franquismo presentada en Argentina en 2010. Desde entonces, Pacheco ha vuelto a la arena política y judicial, aunque con escaso o nulo éxito, como admiten mucho políticos.

Es el caso del vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias: “La muerte del torturador Gonzalez Pacheco sin haber sido juzgado, con sus medallas y privilegios intactos, es una vergüenza para la democracia y también para nosotros como Gobierno. Pido perdón a sus víctimas, luchadores por la democracia y la justicia. Porque fuisteis, somos”.

O también de la ministra de Igualdad, Irene Montero: “Ha muerto el torturador Billy el Niño y lo ha hecho con todos sus reconocimientos, honores, medallas y pensiones. Cuánta rabia. Pido perdón a todos los que lucharon por la democracia en España y más a quienes sufrieron sus torturas porque no hemos llegado a tiempo”.

El líder de Más País, Iñigo Errejón también menciona que muere “sin que se le retiraran los honores y condecoraciones y cobrando una pensión especial por infligir dolor a quienes lucharon por la libertad”. Y añade: “Es una humillación para el pueblo español y un insulto a sus víctimas”.

Las reacciones las lideran en la redes sociales los cargos de Podemos. Pablo Fernández, secretario general de Podemos Castilla y León, señala que “es urgente acabar con la impunidad de los vestigios del franquismo, que este torturador encarnaba”.

Mientras que su compañera en la Asamblea de Madrid, la portavoz regional de Unidas Podemos, Isa Serra, ha tenido un recuerdo para Chato Galante, “un luchador antifranquista, una de sus tantas víctimas”, que, como Pacheco, falleció hace un mes por coronavirus.

El diputado de ERC Gabriel Rufián se ha limitado a diez palabras pero sin restar contundencia al mismo mensaje: “Ha muerto con las medallas puestas. Que no se olvide”.

Las redes sociales al menos no lo hacen: “Torturador” es trending topic en Twitter, escrito en mayúsculas. 

La tortura no era un mecanismo para hacer méritos sino un “placer” tangible ejecutado con un mimo “vocacional” por un policía del régimen franquista que se valió de amenazas, humillaciones, golpes y terror para labrarse uno de los perfiles más negros de España. Así le recuerdan sus víctimas. Es Billy el Niño.

Tres víctimas de Antonio González Pacheco han narrado a Efe su paso a principios de los años 70 por la extinta Dirección General de Seguridad (DGS) en la madrileña Puerta del Sol, rehabilitada como sede de la Comunidad de Madrid, pero en cuyas entrañas aún se conserva un aroma de tiempos pretéritos, del que ninguno de los protagonistas se puede descolgar.

Rosa María García, José María ‘Chato’ Galante y Luis Suárez-Carreño son tres de las 18 víctimas -habrá más en septiembre- que han recurrido a la Justicia con la esperanza de agotar la “impunidad” -término utilizado por la Audiencia de Madrid- de un personaje que esquiva a jueces y fiscales al no prosperar ninguna de las querellas por torturas en un contexto de lesa humanidad.

 

Los arrestaban de noche y en secreto

Luis fue el pionero. Tras un primer paso que define de “benigno” por la DGS en 1970, fue detenido tres años después en su casa ante la presencia de González Pacheco que, junto a sus compañeros, ya le iban “preparando” para lo que le esperaba en Sol. Eran los prolegómenos, un estadio previo por el que pasaron los tres protagonistas de esta historia, extensible al resto de las víctimas.

Generalmente arrestaban de noche, en plena calle o derribando la puerta de casa. No informaban jamás de los cargos ni tampoco de su paradero. Su estatus para el mundo exterior era el de desaparecido.

“Mi padre iba a preguntar a la DGS y le decían que allí no estaba, y estaba”, cuenta Rosa. Pasaban días sin saber de ellos. 22 Chato entre sus cuatro detenciones, 6 Rosa y 6 Luis. Ni familia ni abogados. Una vez en sus manos, “eras suyo”.

EFERosa María García Alcón posa, el pasado 1 de agosto, en su domicilio de Madrid con fotos del año en que fue detenida por la por la Brigada Político Social del franquismo.

El encuentro con el torturador

González Pacheco no siempre esperaba en la DGS, iba a buscarles a sus casas. “Cuando entró por la puerta, ya sabía lo que iba a pasar”, cuenta Chato. Ni él ni los demás lo conocían, pero sí sus hazañas. “Le gustaba que se conocieran sus méritos”, dice Rosa.

Precisamente de ahí procede su apodo, de su afición a pasearse por la universidad enseñando su pistola. Chato relata que “una de sus gracias era apuntarte con ella y disparar con el cargador vacío”. Era, como ellos le definen, “un exhibicionista”. De ahí que aunque físicamente no le conocieras, su hoja de servicios era su mejor carta de presentación. “Ya sabes quién soy”, solía decir.

A través de la calle Correos accedían a la DGS y allí todo podía pasar. Tras “ficharles”, les subían a los despachos donde Billy se presentaba a base de bofetadas, puñetazos, insultos, amenazas, gritos y humillaciones. Aquello era “una barra libre”.

EFEJosé María "Chato" Galante, durante la entrevista con Efe el pasado 7 de agosto ante la extinta Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol de Madrid

Patadas de kárate “dando gritos de Bruce Lee”

Su antología de la tortura pasaba por golpear las plantas de los pies, esposar a los radiadores y a la puerta, desnudarte, abrigarte mucho cuando hacía calor o colgarte de las manos, como le sucedió a Chato. “Se dedicaba a darme patadas de kárate dando grititos a lo Bruce Lee. Pensé: esto es un esperpento”.

“Te dabas cuenta de que eras un pedazo de carne en manos de unos tipos cuyo único objetivo era darte el máximo posible para sacarte la máxima información y marcarse un éxito policial”, afirma Luis.

Esa sensación, Chato la experimentó cuatro veces por sus cuatro detenciones. “La primera es un shock muy fuerte, pero la segunda ya sabes todo lo que te espera, haces el recorrido, sabes cuándo las cosas se van a poner duras...”. Lo peor ocurría en el último piso.

Había una variable sentimental que complicaba aún más las cosas, porque a Luis y a Rosa les arrestaron con sus respectivas parejas. Al marido de ella, Billy el Niño le llegó a mostrar cómo la pegaban. Y a Luis le decía: “Fíjate lo que le estamos haciendo”.

Gritos de su mujer llamándole desde los calabozos

Él ha borrado las torturas de su mente, pero no así la angustia que le producían los gritos de Merche, su pareja, llamándole en los calabozos. “Aquello fue otra tortura adicional para mí”.

Su plan no era otro que “romperte y desarmarte psicológicamente” para que cantaras. “Que te vieras en una situación tan agobiante y te desesperaras. Es el método de la tortura, no lo ha inventado él”.

Pero sí “lo disfrutaba”, porque tenía mucho afán de protagonismo, era un tipo “entregado” a su trabajo. Los detenidos no paraban de recibir golpes, Billy de darlos. No descansaba. Hacía “horas extra en la DGS’.

Sus víctimas trazan un perfil de “un torturador compulsivo, ambicioso, sádico y morboso” que “planteaba cosas siniestras y enfermizas”, un policía “sin ningún escrúpulo” y “psicológicamente insano”.

EFELuis Suárez durante la entrevista con Efe el pasado 13 de agosto, en el interior de la extinta Dirección General de Seguridad. 

Torturaba “con placer”

Pero ante todo subrayan un aspecto: el placer. Billy torturaba “con bastante placer” y lo obtenía “produciendo ese daño, lo que dejaba ver que había una cosa muy vocacional” en ello.

Lo que él decía, se hacía. Sus policías le tenían consideración, respeto y miedo por igual. Era el más mediático, pero no el único.

Porque las tres víctimas coinciden en que torturar, torturaban todos. Luis lo resume así: “Los otros policías iban allí a darte de hostias a ver si te rompían moralmente, pero él tenía este otro componente, una parte perversa”. Lo que ocurría, precisa Chato, es que “la policía política del régimen franquista se encargaba de que torturaran todos”, para que así “nadie pudiera acusar a otro”.

EFE Rosa María García Alcón muestra, el pasado 1 de agosto, en su domicilio de Madrid, su ficha policial de cuando fue detenida

 

Morir o suicidarse

En ocasiones era la idea que les planeaba por la cabeza. ¿Me matarán o mejor me mato yo? Luis narra que en esa eternidad en la DGS “llega un momento en que incluso quieres desfallecer, morirte, lo que sea”. En su caso tuvo varias tentaciones de autolesionarse.

“Recuerdo mirar el pico de la mesa metálico y del radiador y decir: como esto siga así voy a tener que estrellarme contra ahí y eso va a ser lo mejor que me va a pasar. O la próxima vez a ver si me coloco bien, me tiro y consigo abrirme la cabeza”.

Chato vio el final. Ocurrió en su tercera detención. Había perdido la noción del tiempo y el espacio. Llevaba 14 días detenido. “Hubo un momento que pensé que me podían matar”. Fue cuando hablaron de darle un paseo.

EFE

 

Los “paseos”

Era la palabra más temida por los detenidos. Un punto y final. Un juego semántico para terminar con tu vida. Te llevaban a un parque y te pegaban dos tiros. Chato tiene clavado en la memoria cuando escuchó: “A éste lo que hay que darle es un paseo y ya, y listo”. 

A Rosa la subieron en un coche con Pacheco para que fuera a identificar “un piso franco”. “Me fueron amenazando con llevarme a la Casa de Campo y hacerme desaparecer”, cuenta. Y cuando lo hace aún se le entrecorta la voz. Ella no solo responsabiliza a Billy.

“Se habla de los torturadores, pero no se habla de los que colaboraban”. Y pone de ejemplo a los médicos de la DGS que no daban parte de las lesiones o a los jueces de los Tribunales de Orden Público, garantes de la represión política del régimen.

Luis y Chato apuntan a estos jueces para justificar el porqué no denunciaron en los ochenta. ”¡Cómo íbamos a denunciar eso a los mismos jueces que nos habían llevado a esas situaciones!”, exclama Chato, quien tiene presente que “lo que pasó es que la policía política, los jueces de tribunales especiales y carceleros, pasaron a la democracia sin tener que dar cuenta ninguna de sus actos”.

Rosa simplemente quería pasar página. “Lo que quería era olvidarme del tema”. Se fue de Madrid, dejó familia, amigos, estudios. Lo dejó todo.

CAPTURABilly el Niño en la actualidad

 

Condecorado tres veces

“Eso nos ofende”, dicen. Rosa no alcanza a explicar cómo “ha sido más condecorado en la democracia que en la dictadura” -tres de sus cuatro medallas-, lo que a ojos de Luis evidencia que “ha gozado de todo tipo de beneficios en este país”.

Chato no da crédito. “El que me torturó es un ciudadano ejemplar que cobra un 50% mas de su pensión en función del trabajo que hizo, ¡que consistió en torturarme a mí!”. A sus víctimas, no les basta con una declaración del Congreso, una comisión de la verdad o una investigación que no culmine en un juicio para reparar el daño.

Tiene que ser juzgado. No les sirve de nada que Pacheco sea considerado un torturador, algo “que nadie pone en duda ya”. Quieren que pague por sus delitos. Quieren una sentencia para que Billy, de 73 años, deje de pasearse impunemente por nuestro país.

Reclaman una respuesta a la altura de la democracia, un respuesta que no llega. Y ya han pasado 44 años. 




NI OLVIDO NI PERDON

https://www.huffingtonpost.es/entry/billy-el-nino-un-torturador-compulsivo-sadico-y-morboso_es_5d5a9768e4b056fafd0ed207?utm_hp_ref=es-billy-el-nino

https://es.noticias.yahoo.com/muere-billy-el-nino-coronavirus-095812030.html

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